miércoles, 30 de marzo de 2011
DOBLE CRIMEN
“Amor mío” me decías, mientras nuestros cuerpos tiritaban frente al hombre, el asesino. No me explico cómo entró a nuestra habitación aquélla madrugada de invierno. Sólo sé que te abracé fuerte y segundos más tarde, sentí el fulgor del hierro caliente apagarse en mi espalda. Alcancé a ver tu rostro compungido y creo haber escuchado la voz del asesino disfrutando mientras vomitaba balas en mi cuerpo. Y morí. Ahí está mi cuerpo en el mismo lugar de todas las noches. De ti, una última caricia fría. Sueltas mi mano y desnuda, avanzas sobre el asesino. Lenta y sensual, apoyas la cara sobre el hombro de tu amante. En vez de llorar por mí, botas el aire tenso de los minutos anteriores. Yo estoy detrás, sintiendo como fuego de los infiernos me consume. Te veo en sus brazos y a mi cuerpo desangrado sobre nuestras sábanas negras. “Amor mío” le dices ahora a él, mientras roza tus pechos con el arma y te besa.
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